Lo que Dios ha unido, que
no lo separe el hombre
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Ni los papás de él, ni los papás de ella,
metiéndose en lo que no deben.
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Ni los gritos de él, ni los contra gritos
de ella, que hacen imposible la convivencia.
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Ni la ausencia de muestras de afecto por
ambas partes, que es capaz de secar aún el amor mas prometedor.
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Ni la falta de comunicación mutua,
de modo que ella no sepa lo que hace él ni él lo que
hace ella y ninguno de los dos sepa lo que el otro piensa, quiere,
sufre o necesita.
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Ni los hijos, absorviéndoles el
tiempo que necesitan para estar juntos.
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Ni el descuido en el aseo y la apariencia
personal de cada uno.
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Ni los amigotes de él, ni las amigotas
de ella.
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Ni el que ninguno de los dos está
dispuesto a perder una discusión, a sacrificar un gusto, a
reconocer una falta propia o a pedir una disculpa.
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Ni lla falta de reconocimiento explícito
de las cualidades del otro por parte de cada uno.
(Tomado de La Asamblea del 05-10-2003) |