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Conozcamos nuestra fe Católica
¿Qué es la Misa?
1) La
Misa es el MEMORIAL del sacrificio de Nuestro Señor. Esto significa que,
Jesucristo al irse de este mundo no quiso dejarnos un cuadro o una estatua
suya, sino el ESTAR DE VERDAD PRESENTE en cada Misa que se celebre.
2) La
Misa es un BANQUETE. Así como nuestro cuerpo necesita comer para vivir,
nuestra alma necesita comer a Jesús para ser feliz y llegar al cielo. En la
Misa comulgamos y Jesús viene a nuestra alma.
3) La
Misa es un SACRIFICIO. La Iglesia nos enseña que en cada Misa se vive
realmente el sacrificio de Jesús en la Cruz; Cristo se ofrece a morir por
nosotros y perdonar nuestros pecados.
¿Para qué vamos a la Misa?
Cuando los católicos vamos a Misa:
1) Lo
más importante es que en ella ALABAMOS a Dios, o sea, le decimos que El
es lo más grande que existe, que le amamos y que le respetamos.
2) En
la Misa DAMOS GRACIAS a Dios por todas las cosas buenas que nos ha dado.
3) En
la Misa le PEDIMOS PERDON a Dios por las veces que lo hemos ofendido,
aunque ya sabemos que los pecados graves sólo se perdonan en la confesión.
4) En
la Misa NOS OFRECEMOS nosotros mismos a Dios, porque le amamos, y le
prometemos que vamos a tratar de ser mejores.
5) En
la misa le PEDIMOS a Jesús su AYUDA. Recordemos que nosotros
solos no podemos lograr muchas cosas, pero con la ayuda de Dios sí podemos. Hay
que ponernos en sus manos.
¿Cómo es la Misa?
La Misa se divide en dos partes.
La primera se llama LITURGIA DE LA PALABRA, y la segunda, CELEBRACIÓN
EUCARISTICA.
A continuación se explicará cada
parte de la Santa Misa.
RITOS INICIALES
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La finalidad de estos ritos es hacer que los fieles
reunidos constituyan una comunidad y se dispongan a oír como conviene la
palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía.
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Canto de Entrada:
Su fin es abrir la celebración, fomentar la unión de quienes se han reunido,
elevar sus pensamientos a la contemplación del misterio litúrgico o de la
fiesta.
Beso al Altar: El
altar representa a Cristo siempre presente entre nosotros, unirse al beso que
da el sacerdote, como si se diera a Cristo mismo, con un intenso deseo de
permanecer siempre unidos al El.
Señal de la Cruz: “En
el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Se invoca la
presencia de la Santísima Trinidad, ya que a Ella y a su gloria se dirige la
Oblación, además se recuerda la Cruz de Cristo y de su pasión de la que siguen
todos los bienes.
Saludo: “El
Señor esté con ustedes”, con este saludo y con la respuesta del pueblo
fiel, queda de manifiesto el misterio de la Iglesia congregada.
Acto Penitencial:
Breve pausa silenciosa para recordar nuestros pecados, los últimos que hemos
cometido, y pedir perdón al Señor. Si lo hacemos bien, podemos alcanzar el
perdón de los pecados veniales. Para disponernos a escuchar su Palabra y a
celebrar dignamente la Eucaristía constituidos en una comunidad. También
podemos pedir perdón por los pecados de todos los hombres.
Gloria: Es un himno
muy antiguo con el que la Iglesia congregada en el Espíritu Santo glorifica a
Dios Padre y al Cordero y le presenta sus súplicas. Se canta o se recita los
domingos fuera del tiempo de Adviento y Cuaresma, las solemnidades y fiestas y
en algunas celebraciones especiales.
Oración Colecta: El
sacerdote como mediador entre Dios y los hombres presenta a Dios todas las
acciones de su pueblo, todas sus peticiones.
LITURGIA DE LA PALABRA
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Dios habla a su pueblo, le descubre el misterio de la
redención y salvación, y le ofrece alimento espiritual. Por esta Palabra, que
es de Dios, el Señor quiere que mejoremos y da su respuesta a los problemas y
situaciones de cada día. El “tiene palabras de vida eterna” (Jn. 6,68)
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Las Lecturas:
Tomadas de la Sagrada Escritura constituyen la parte principal de la Liturgia
de la Palabra. Dios habla para decir lo que espera de nosotros, disponernos interiormente a corresponder a sus dones. Durante el
tiempo ordinario las lecturas bíblicas de la Misa que preceden el Evangelio se toman, del Antiguo Testamento o del
Nuevo Testamento. A la primera lectura sigue el Salmo Responsorial, y a la
segunda el aleluya, que se canta de pie.
Lectura del santo
Evangelio: Se escucha de pie, por reverencia a la Palabra de Dios,
haciendo antes la señal de la cruz cuando el sacerdote signa el libro santo, se
hace el signo en la frente pidiendo luz para entender el Evangelio y para creer
en él, en la boca para anunciarlo y confesarlo públicamente, en el pecho para
que amemos su Palabra y la conservemos siempre en el corazón. El Evangelio
narra un pasaje de la vida del Señor o de su doctrina, tal como escribieron por
inspiración divina los evangelistas, Mateo, Marcos, Lucas o Juan.
Homilía: Es la
palabra del celebrante revestida con la autoridad de Cristo, nos ayuda a
descubrir, en base a los textos sagrados, lo que el Señor quiere de nosotros.
Es importante sacar alguna conclusión, un propósito personal para la vida
diaria.
Credo: Es la
profesión de las verdades de fe que creemos, tiende a que el pueblo dé su
asentimiento a la Palabra de Dios.
Oración de los Fieles:
Ejercitando su participación en el sacerdocio real de Jesucristo los fieles
rezamos por toda la Iglesia, el Papa, los Obispos, por todos los hombres y sus
necesidades.
LITURGIA EUCARISTICA
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En la última Cena, Cristo instituyó el sacrificio y
convite pascual, por medio del cual el sacrificio de la cruz se hace
continuamente presente en la Iglesia cuando el sacerdote, que representa a
Cristo, realiza lo que el mismo Señor hizo y encargó a sus discípulos que
hicieran en memoria de él. Es la parte principal de la Misa.
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Ofertorio: Es la
presentación del pan y el vino con nuestra acción de gracias por todo lo que
recibimos de Dios sin merecer nada, le ofrecemos a Dios lo que El mismo nos ha
dado junto con nuestro ser.
Plegaria Eucarística:
Esta gran oración de acción de gracias y santificación es el centro y cumbre de
toda la celebración. Nos acercamos a este sacrificio que ofrece el sacerdote y
que ofrecemos nosotros. El sacrificio del Hijo al Padre esperando que Dios
reciba el sacrifico de dignidad infinita. Intensamente nos acercamos al momento
culminante del sacrificio.
Prefacio: Es un
diálogo de preparación para los actos que contiene el Santo Sacrificio. Pedimos
que el Señor esté con todos, pues nos acercamos al Santo de los Santos, y si
hasta aquí convenía que fuéramos puros y fervorosos, en adelante deseamos
acrecentar nuestro amor y tener levantado nuestro corazón a Dios.
Oración Eucarística:
Los principales elementos que la componen pueden distinguirse de esta manera:
- Acción de Gracias: Que se expresa sobre todo
en el prefacio, es en la que el sacerdote, en nombre de todo el pueblo
santo, glorifica a Dios Padre y le da las gracias por toda la obra de
salvación.
- Aclamación (Santo): Esta aclamación la
pronuncia todo el pueblo con el sacerdote. “Todos los cristianos por la
Comunión de los Santos, reciben las gracias de cada Misa, la tierra y el
cielo se unen para entonar con los ángeles un himno de alabanza y de
acción de gracias al Señor: Santo, Santo, Santo es el Señor...”
- Epíclesis: Con ella la Iglesia implora el
poder divino para que los dones que han ofrecido los hombres, queden
consagrados, es decir, se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y
para que la hostia inmaculada que se va a recibir en la comunión sea para
salvación de quienes la reciban. Expresamos nuestra fe en la presencia
real de Cristo arrodillándonos en señal de adoración al Señor ante este
misterio tan grande.
- Narración de la institución y la consagración:
Mediante las palabras y acciones de Cristo se lleva a cabo el sacrificio
que Cristo mismo instituyó en la última Cena, entonces el pan y el vino se
convierten de verdad en el cuerpo y en la sangre de Jesús. Esta conversión
se conoce como la “Transustanciación”.
- Anámnesis: Recordando principalmente su bienaventurada Pasión, su
gloriosa Resurrección y la Ascensión al Cielo. “Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu Resurrección, ¡Ven Señor Jesús! U otra”.
- Oblación: Por la que la Iglesia, en este
memorial ofrece al Padre en el Espíritu Santo, la hostia inmaculada. La
Iglesia pretende que los fieles no sólo ofrezcan la hostia inmaculada,
sino que aprendan a ofrecerse a sí mismos, y que de día en día
perfeccionen con la mediación de Cristo. La unidad con Dios y entre sí, de
modo que sea Dios todo en todos.
- Intercesiones: Presentamos nuestras
oraciones a Dios Padre, rogándole, por medio de Cristo, que acepte los
dones que El mismo nos ha dado. Mencionamos a aquellos por los que se
ofrece el Sacrificio. En primer lugar por la Iglesia, a la que
pertenecemos todos, para que le dé su paz, la proteja y la mantenga unida,
pedimos por el Papa y los obispos de la diócesis y por todos los fieles.
- Doxología Final: En la que se expresa la
glorificación de Dios, y que se concluye y confirma con la aclamación del
pueblo.
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El sacerdote nos exhorta
nuevamente a que reconozcamos en la Eucaristía que “Este es el Sacramento de
nuestro Fe”; todos nos ponemos de pie y contestamos: “Anunciamos tu
muerte, proclamamos tu Resurrección, ¡Ven Señor Jesús!” El sacerdote pide ahora por toda la Iglesia,
por los vivos y los difuntos, menciona a las personas que han puesto una
intención especial y concluye esta parte con una oración solemne que pronuncia
únicamente el sacerdote: “Por Cristo, con El y en El...” los fieles
aceptamos su oración contestando solemnemente: “Amén”.
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RITOS DE COMUNIÓN
Padrenuestro: Recitando o
cantando esta oración glorificamos a Dios, es la oración vocal por excelencia
ya que la dijo Cristo a petición de los apóstoles. Nos llena de confianza saber
que Dios es nuestro Padre y que nosotros somos, no siervos, ni tan sólo amigos,
sino ¡hijos de Dios! De ahí nuestra fe en Dios, la seguridad de que jamás nos
abandona, y también nuestra responsabilidad de actuar como los buenos hijos que
saben devolver por amor.
Rito de la Paz: Imploramos
la paz y la unidad para la Iglesia y toda la familia humana y se expresan
mutuamente la caridad, antes de participar de un mismo pan.
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El sacerdote presenta la
Hostia Consagrada al Pueblo, mostrándola como “El Cordero de Dios” y
llama “Dichosos” a quienes han sido invitados a la cena del Señor. Todos
contestamos como aquel soldado romano del Evangelio: “Señor, yo no soy digno
de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. Los
fieles, que se encuentran en gracia de Dios, reciben el Cuerpo y la Sangre del
Señor, del mismo modo que los Apóstoles los recibieron de manos de Jesús. Se
entonan cantos de comunión y quienes no se acercan a comulgar pueden en este
momento hacer una oración en silencio pidiendo al Señor su gracia y la oportunidad para poder cuanto antes
confesarse y participar de la Comunión con toda la Iglesia.
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Despedida: Saludo y
bendición sacerdotal. Con Cristo en el alma, termina la Santa Misa; la
bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo nos acompaña durante toda la
jornada, en nuestra tarea sencilla y normal de santificar todas las actividades
humanas.
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Acabada la Santa Misa Jesucristo está en nosotros con su
Cuerpo, con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad y esto debe llevarnos a
estar algún tiempo recogidos en oración. El Señor permanece dentro de nosotros
unos minutos. Es lógico que nos sintamos indignos, y por eso muy agradecidos de
recibir tanto bien.
Aprovechemos ese momento, el
más grande del día, para adorar al Señor, darle gracias, pedirle perdón por
nuestros pecados y pedirle toda clase de bienes materiales y espirituales; para
hacer actos de fe, de esperanza y de caridad. Se recomienda a los fieles no
descuidar, después de la comunión, una justa y debida acción de gracias, con un
tiempo de silencio, un himno o un salmo de alabanza.
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POSICIONES EN LA SANTA MISA
De pie: En señal de
respeto, de admiración, de prontitud para actuar, esta es la posición que se
toma cuando llega un gran personaje. Esta posición la tenemos en las oraciones
del principio, y en las que van después de la Consagración y durante la lectura
del Santo Evangelio.
Sentado: Es posición de
tranquilidad, de calma, de meditación. La tenemos mientras escuchamos las
primeras lecturas, la homilía y las oraciones del ofertorio. Al sentarnos no
crucemos las piernas, esto es una falta de respeto.
De rodillas: es señal de
humildad, de arrepentimiento, de profunda adoración. Es la posición para el
momento de la Consagración, al levantar el sacerdote la hostia y el cáliz
después de la Consagración mirémoslo con profunda fe y pidámosle alguna gracia
al Señor.
Tomado de la Asamblea Julio-2004,
prototipo
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