7 Obras de Misericordia Corporales
1. Dar de comer al hambriento.
Jesús nos ordena compartir con el necesitado cunado nos dice,
"El que tenga dos capas déle una al que no tiene, y el que
tenga alimento, comparta con el que no"(San Lucas, 3-11). Al compartir
nuestro alimento, no solo les llenamos el estómago a nuestros
hermanos necesitados, sino que les mostramos el amor de Dios que no
los deja desfallecer.
2. Dar de beber al sediento.
Con cuantas ganas nos bebemos un vaso de agua fresca luego de recorrer
un largo trecho para calmar nuestra sed. ¿Cuántas veces
pensamos en nuestros hermanos que no tienen un lugar donde beberlo?.
Pensemos en aquellos que se enferman porque deben calmar su sed con
agua contaminada, aquellos que mueren de sed porque otros la desperdician,
incluso Jesús, en su trance de muerte, sintió sed y lo
exclamó con tanta vehemencia, que un soldado romano le acercó
una esponja con hiel y vinagre para que la calmara. ¿Sómos
nosotros peores que ese soldado romano como para negar agua al sediento?.
3. Vestir al desnudo.
A menudo nos encontramos con hermanos que estan vestidos con harapos
o bien se encuentran desnudos, viéndose disminuída su
dignidad de hijos de Dios. Ayudémosles a recobrarla brindándoles
una vestidura limpia y respetable, que les permita reencontrar al Señor
en la bondad de los demás.
4. Dar posada al forastero.
Existen muchos inmigrantes que esperan nuestra ayuda para poder vivir
dignamente junto a su familia, ayuda que debe hacerse presente en toda
forma y a todo momento. Recordemos que esos hermanos desposeídos
son Sagrarios del Espíritu Santo que merecen al menos una Tienda
de Encuentro con el amor Divino.
5. Visitar a los enfermos.
Nuestros hospitales estan llenos de enfermos olvidados por sus familiares,
o bien, personas que por la lejanía con el centro hospitalario,
no reciben visita alguna. Es bueno dar dinero para los necesitados,
pero que bueno es darnos nosotros mismos. Compartamos de nuestro tiempo
con ellos y llevémosles una palabra de aliento, un rato de compañía
a esos cristos en su monte de los olivos.
6. Visitar a los encarcelados.
Cada mañana nos levantamos y corremos a los centros de estudio
o trabajo, y posiblemente pasemos frente a un centro de reclusión
en el que muchos de nuestros hermanos sufren la soledad y la indiferencia.
Nuestra Santa Madre Iglesia nos llama a llevarles, no solo cosas materiales,
sino el cariño de toda la comunidad a cada uno de ellos, para
que se sientan parte del rebaño del Unico Pastor.
7. Enterrar a los muertos.
Sepultarlos no significa olvidarlos, por el contrario, esta obra de
misericordia coporal nos lleva a la obra de misericordia espiritual
que nos invita a rezar por los vivos y los muertos. Al enterrarlos no
debemos olvidar que es nuestro deber mantener sus sepulturas en buen
estado, pues en ellas se contienen los restos mortales de aquellos que
fueron Templo del Espíritu Santo.
Las obras de misericordia corporales consisten
especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo
tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar
a los muertos (cf Mt 25, 31-46). Entre estas obras, la limosna hecha
a los pobres (cf Tb 4,5-11; Si 17, 22) es uno de los principales testimonies
de la caridad fraterna: es también una práctica de justicia
que agrada a Dios (cf Mt 6, 2-4) . (Catecismo)