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EL TIGRE QUE SE REÍA DE TODOS Había una vez, en algún lugar la espesa jungla, un tigre que era listo, rápido y fuerte, por lo que los animales lo nombraron el rey de esa jungla. Siempre se estaba riendo de los animales, en especial del débil abejorro y del lento y torpe elefante. Un día estaba todos los animales reunidos en una cueva para decidir qué hacer con el temporal que se avecinaba, cuando de pronto se produjo un temblor de tierra que provocó un derrumbe justo a la entrada de la cueva. Todos quedaron atrapados tras la inmensa muralla de piedas que había caído. Como era de esperarse, todos los animales se volvieron hacia el tigre esperando que dijera cómo iban a salir de ahí, más el tigre no tenía la menor idea. Para no quedar en ridículo comenzó a tratar de mover las piedras con su gran fuerza pero no lo consiguió, por lo que no le quedó más remedio que echarse para atrás y agachar su cabeza. Al cabo de un rato, todos vieron como el débil abejorro, pasivamente caminaba hacia la entrada y escurriéndose entre los espacios que habían entre piedra y piedra se les perdió de vista. Poco después escucharon cómo las rocas se movían y observaron un rayito de sol. No pasó mucho tiempo para que todos pudieran salir de la cueva, y una vez fuera con asombre vieron al lento y torpe elefante junto al débil abejorro y comprendieron lo sucedido: El elefante era el único que no había podido llegar a tiempo a la reunión, por lo que el abejorro al verse atrapado y recordando que el elefante estaba fuera, salió y le pidió su ayuda. En ese momento todos se dan cuenta que el tigre no ha salido de la cueva y le llaman, éste, lleno de vergüenza, sale cabizbajo y al ver al elefante y al abejorro les dijo: "He aprendido mi lección, ya no volveré a burlarme de los demás porque no tienen mis habilidades, por el contrario, aprenderé a que juntos trabajemos por el bien común". Todos los animales se alegraron mucho, el abejorro y el elefante lo perdonaron y juntos enfrentaron el temporal echando mano de las habilidades de cada uno de los habitantes de aquella región. Así nos pide el Señor que seamos nosotros, que aprendamos a descubrir en los demás los dones y carismas que Él les ha regalado, para juntos, como hermanos, construyamos un mundo mejor lleno de amor, perdón y comprensión.
Enviada por José Francisco Zamora. |
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