EL PEZ QUE
NO CREIA EN EL SARTEN
Cierta vez bajo el mar dos peces conversaban.
Uno le dijo al otro: "¿Vez esa lombriz? Pues pegada a ella
hay un gancho, y este pegado a un cordón que sostienen unos seres
allá arriba. Si lo muerdes, te sacarán del mar y te echarán
en un sartén hirviendo."
El otro pez no pudo contener la risa y le soltó una carcajada
burlona y le dijo estos argumentos:
- Mira, eso lo decía mi abuelita también. Eso son cuentos.
- Me extraña que vos, siendo un pez moderno creas en eso.
- ¿Acaso alguien ha vuelto de esa "sartén" que
dices para contarlo?.
- Yo no puedo entender que un lugar como ese exista. ¿Para qué
es?
- No me gusta que me digan en qué creer, y no creo que ese lugar
exista. No tiene sentido. Así que esa lombriz es mía.
Nos vemos!
Todos sabemos lo que pasó con el ahora pescado que se sentía
tan moderno.
Esto lo contó el Padre Jorge Loring, un gran sacerdote español,
mientras hablaba de la existencia del infierno. A mi me causó
bastante risa la historia, pero es tan cierta si la aplicamos a nosotros.
Todos los argumentos, del ahora pescado, son los que suelen poner las
personas con respecto a la existencia del infierno.
Existe una hermosa canción que dice algo como : "No me mueve
mi Dios para quererte el Cielo que me tienes prometido. Ni me mueve
el infierno tan temido para por eso dejaros de ofender. Tú me
mueves Señor, muéveme el verte en esa cruz y escarnecido.....".
Porque antes a la gente se le predicaba que debían ir al Cielo
por temor a ir al infierno, sin embargo, ni el cielo ni los infiernos
deben ser nuestra motivación para acercarnos a Dios. Debe ser
el amor a Dios, y a su hijo Jesucristo lo que nos mueva a desear ser
mejores, sin embargo, historias como estas nos hacen reflexionar acerca
de nuestro futuro y la forma de ver las cosas.
El enemigo te pone anzuelos (tentaciones) para que caigas. ¿Prefieres
jugarte la posibilidad de ir a la sartén? Somos peces, y cuando
Jesús llamó a Pedro le dijo : "Serás pescador
de hombres". La red de Pedro es la Iglesia de Jesucristo.
Enviada por Zahyra Walsh